Chicago Theatre
No he podido parar de cantar el tema de Elvis In the Ghetto, aunque afortunadamente a nosotros nos han matado de un disparo como al protagonista de la canción original.
(Por cierto el tema del Principe Gitano, que se hizo famoso por Gomaespuma por ser la melodia de las noticias internacionales es también tremendo. Lo podeis escuchar aqui).
Skyline desde la orilla del Lago Michigan (en el centro la torre Hancock, al fondo a la derecha la Willis Tower)
Tenía tan buenas referencias que el primer puente que hemos podido nos hemos plantado allí. Se celebraba Acción de Gracias, algo puramente americano y que creo que es la única fiesta celebrada realmente por todos y cada uno de los habitantes ya que no se considera nada religiosa, aunque antiguamente sí que lo era. De hecho esto se aprecia en que la mayoría de los comercios y grandes almacenes están cerrados, cosa que os aseguro es casi imposible. Aquí las tiendas no cierran nunca, da igual que sea domingo, navidad o el 4 de Julio. Todo siempre está abierto, menos este día. Eso si, el día sigueite es conocido aqui como Black Friday, que es justo lo contrario. Es el día en el que oficialmente empiezan las compras de Navidad, y ese día hacen muchos descuentos en todas las tiendas, que normalmente abren a las 3 o 4 de la madrugada.
Una cervecita en el Kingston Mines
Como nosotros no tenemos aquí familia con quien disfrutar de un buen pavo con salsa de arándanos pues nos dedicamos a callejear por la ciudad. Personalmente me ha parecido una ciudad espectacular. El downtown (conocido como el “Loop” por el metro elevado que rodea esta área) es una maravilla. Los edificios son todos altísimos y la gran mayoría han sido levantados con mucho criterio arquitectónico. Las calles son muy amplias, y lo que casi más me ha sorprendido es el contrate que tiene con Nueva York. Es una ciudad limpia, moderna, cuidada y muy acogedora (a pesar del frio de mil demonios que pasamos, con temperaturas en torno a los -7ºC). La gente es increíblemente amable. Te hacen fotos, te orientan, te aconsejan, sin ni siquiera tener que preguntar. Además no es una ciudad ruidosa a pesar de los metros elevados que te hacen sentir como en las películas. Si no fuera por el frio no hubiese sido un mal sitio para vivir, pero el frio es realmente cortante.
The Bean, en el Millenium Park
La ciudad tampoco da mucho más de si que para disfrutar de un intenso fin de semana. Pero hay cosas que uno no se puede perder como el paseo en barco por el rio entre los edificios, visitar el Millenium Park con el famoso “frijolito” (the bean), ir de compras por la Magnificent Mile, subir a la torre Willis (conocida anteriormente como Sears) y tomar un Cosmopolitan por la noche en el bar de la azotea en la torre Hancock. No puedo dejar de recomendar visitar esta ciudad.
Vistas desde el bar del penúltimo piso de la Hancock Tower
Por supuesto una vez aquí hay que asistir a alguno de los conciertos de Blues que hay en varios garitos de la ciudad. Por recomendación nosotros fuimos a un sitio que se llama Kingston Mines, y solo puedo decir que es de los mejores sitios para escuchar música en directo de los que he estado en mi vida. Aquí solo tocan músicos de la cabeza a los pies. Solo se toca blues, y no se engaña a nadie. Solamente por escuchar el speech del dueño antes de la actuación ya merece la pena. Todo un personaje. Las bebidas son muy asequibles, y como soy estudiante pasé por la patilla. La comida es supergrasienta y la decoración es lo que me esperaba, un antro de madera al más puro estilo americano. Auténtico. Gracias por la recomendación hermanos.
Vista sobre el rio
Y ahora, a ponerme las pilas que vienen los exámenes finales, y luego de vuelta a España a disfrutar de las Navidades, que la verdad, hay ganas.
No me puedo despedir sin agradecer a mis dos últimos amigos su visita. Espero que volvais en otra ocasión y esa vez me pueda ir a jugar los cuartos a Atlantic City (o a las Vegas mejor!) con vosotros. Gracias!
Residuales por Central Park